lunes, 9 de enero de 2012

Las elucubraciones de Marisa S. Gutiérrez


Marisa S. Gutiérrez está convencida, desde su pedestal de discernimiento y signos de interrogación siempre abiertos, que tiene que exponer a todos a su búsqueda incansable de la verdad (y yo creo secretamente aunque no puedo probarlo, que Marisa cree que la S. de su segundo nombre es de Sabiduría, para mí sólo es de Segundonombre). Pensar, pensar, pensar, piensa Marisa las 24 horas; ella cree que la mejor manera es decir en voz alta cosas como: “¿Estamos ante un paradigma sintomático de la generación del sinsentido?” cuando el profesor hacía chistes sobre el Twitter durante la clase y todos se reían de eso. Pobre, Marisa se droga, pensaba yo. Y sí, drogada está, más drogada que Hunter Thompson y sus personajes, le gusta vivir en la embriagante y pomposa incomprensión del erudito. También cree Marisa Sabelotodo, que poniendo la vista en el horizonte la gente cree que medita todo el tiempo y así pueden admirarla como la filósofa que es. Yo creo que sólo está mirando para allá, haciéndose la compleja. Marisa Sabionda tiene un novio, que intenta el sexo con ella, pero ella sólo está realmente interesada en debatir post acto mirando el techo; el sexo es para ella una excusa para divagar acerca de la sensibilidad de los cuerpos y la metafísica del orgasmo. De todas maneras, cualquier hombre que encuentre seductora a Marisa Snob y sus elucubraciones, que abrace al monumento mismo de la afectación, merece lo que ella tenga preparado para ambos, creo yo, humildemente. Porque hay que fumarse a Marisa, la infumable, eh. Hay que ser constante y amoroso con semejante afligida. Cuando Marisa encuentra algo divertido, hace un chiste sobre eso, no se ríe. No, ella hace un chiste sobre el chiste. Tampoco es capaz, Marisa Sapiencia, de reírse estúpidamente, reírse como hiena hasta contraer hipo o  llorar a carcajadas o hacerse pis. Marisa está más allá de eso, por supuesto, todos los que la conocemos lo sabemos. Está más allá de vivir, Marisa, pobre, me parece a mí. A lo mejor estoy siendo muy injusta con ella, a lo mejor sólo piensa de más porque quiere hacer de este un mundo mejor, un mundo de reflexión, de debate y contemplación. Pero es que no me sale ser más benévola con ella, la verdad es que lo único que se me ocurre decirle a Marisa S. Gutiérrez en el Twitter, en la clase o cara a cara es: “Marisa, shhhhh”.  

jueves, 5 de enero de 2012

Hombre-Maleza


Qué clase de hombre es aquel
Que como la maleza crece en lugares indeseables,
le cortás la cabeza,
que le vuelve a surgir.


Cómo arrancar la maleza desde que nace
si después vuelve a salir
multiplicada por veinte,
con la lluvia
ya no se puede hacer nada.

Cómo decirle que ya no
ya NO es verde real
sólo yuyo que descolorido
se levanta donde no debe.
Se multiplica hasta tus caderas.

Te pica como todo lo inepto,
Todo lo impúdico.
Cómo decirle que sólo es algo a cortar.
Ni siquiera a mirar detenidamente.
  

domingo, 18 de diciembre de 2011

Shelby

Va y viene y vuelve a irse
y vuelve a volver a picar a alguien con su vara infernal.
Se mira el suelo, cuando habla,
todos mirando alfombras.

Shelby trata de ser amable,
no le sale muy bien,
sí le sale bastante bien gruñir y chillar por teléfono y en vivo y
en la cara de la gente que se queda pálida.

Sí le sale muy bien revolotear buscando a quién gritarle.
Se tiñe el pelo, Shelby, de un color más cálido que su manera de mirar.
Pero nadie ve su pelo, todos ven sus ojitos rasgados y miran abajo
y tartamudean,
seguros de que les pudiera arrancar la nariz de un mordisco.

No tiene la risa, Shelby, como la de otros coreanos,
como Edy,
no tiene ese asalto divertido, infantil.
Tiene más bien, por risa,
el chirrido de una puerta mal aceitada,
como el crujir del las ruedas del subte cuando toma una curva.
Demasiado alto para ser divertido
Demasiado horroroso para contagiar.

Ojalá alguien le de el tratamiento que todos creemos necesita,
pobre Shelby.
Nos miramos siempre con Marcela preguntándonos sin decírnoslo
“¿Y ahora qué tiene, esta loca?”

Ojalá alguien la arrastre al agujero negro del que salió
y deje de retorcerse y mortificarnos.
Ojalá alguien la case y se la lleve a Corea
a tomar té de jengibre en su living,
sola, a media luz, mirando la tele
y  sin nadie a quién corroer.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Moscas


Unas moscas por toda la casa.
Miedo.
¿A qué te recuerdan?
Humedad, a lo mejor.

Negras con alas y patas enormes.
De un momento a otro caen muertas,
sin mucho más.
Mamá me las enseña con los ojos muy abiertos
acumuladas todas en el suelo.

¿Muerte? 
Fantasmas, en una de esas.

Siguen ahí, mientras
en el baño,
en la siesta.
Con sus patas se pegan a las cortinas blancas.

¿A qué te recuerdan?
Asco. Seguro.
Sólo para asustarte.

Una tapa


Se negoció una tregua por la crisis,
declara la tapa del diario.
Batalla Explícita anunció el señor periodista de apellido alemán.
Estamos en guerra,
parece.

Huellas de una dictadura y descavar una fosa común
lleva más de treinta años.
El epígrafe cita y recuerda senadores desaparecidos.

Navidad y regalos.
Violencia y mujeres.
Fútbol y campeones.
Jardín de genios.

Y la foto de dos mujeres metidas entre esqueletos
y tumbas escondidas.

¿Estamos en 1986? 

lunes, 12 de diciembre de 2011

Conversaciones con mí

No le dijiste nada, ¿Por qué? Porque si le decía a lo mejor se creía cualquier cosa. ¿Cualquier qué? Que me gusta, por ejemplo. Bueno, si te gusta mejor que lo sepa. Sí, pero, bueno, no, no es tan fácil. ¿Cómo que no? Que si no le gusto, yo, bueno, quedo en evidencia. ¿Videncia? Evidencia, e-vi-den-cia. ¿Evidencia de qué? ¿De un crimen? No, no, es que es horrible quedar así expuesta, pero yo igual estuve pensando que no tengo paciencia, tengo ansiedad. Euforia. Que me diga ya, yo no espero más. ¿Que te diga qué? Si le gusto. Decíle vos. ¿Y qué hago si no? Ah, te gusta apostar y no te gusta perder. ¿Nunca te pasó a vos, nunca? ¿Qué? ¿Ser cobarde? Sí, claro, todo el tiempo. Ay, qué graciosa que sos. Énfasis. Ponés énfasis en todo lo que los demás dicen. Qué valiente sos. ¿Éxtasis? No, énfasis, énfasis es como cuando, no, no dejá, mejor dejá. Ojalá no te pase nunca, eh. ¿Qué cosa, enamorarme? Ojalá que sí, que me pase, la boca se te haga a un lado. Yo no dije amor, dije “me gusta”. Bueno, con más razón, entonces. ¿Qué tenés que perder si no estás enamorada? Es que no quiero que me vea débil. Loca, loca te va a ver si seguís con estas estupideces. ¿A vos te interesa saber si le gustás o cómo te ve? Las dos cosas. Ah, te gusta bañarte pero no te gusta mojarte. No es una apuesta ni un crimen ni una ducha, es mi vida amorosa de lo que hablamos, un poco más de respeto. Nadie se muere de amor, linda, vamos. Capaz te queda un agujero, nomás. Vos Decíle. Si no va, después buscamos algo con que taparlo. 

domingo, 27 de noviembre de 2011

Sobre las luces de navidad

“La mayoría del tiempo no me divierto mucho. El resto del tiempo no proporciono ninguna diversión a los demás”.
Woody Allen

Las luces del arbolito de navidad están prendidas desde noviembre. Creo que es bastante significativo que cada año las calles se vistan de navidad más temprano, existe un manifiesto interés de adelantar y desplegar la celebración todo lo que sea posible. La estación del año misma invita a la celebración sin tregua. El verano se acerca y la televisión, Internet, las revistas, nos sepultan bajo mensajes que ordenan: “DIVERTíTE. SALTÁ. MÁS ALTO. AHORA. NO ESPERES”. Y las publicidades, sobre todas las de bebidas alcohólicas, parecen decididas en dejarnos bien claro que los próximos meses deben ser lo más idéntico posible a maratones de sensualidad, bebidas de colores y escasa ropa. ¿Por qué esa búsqueda del vértigo constante? Estamos metidos en una montaña rusa emocional de la que no hay que querer bajarse. O mejor dicho, estamos metidos en una montaña rusa sobre la cual nadie se molestó en consultarnos si nos interesaba abordar. Es claro que el ritmo de trabajo imprime una demanda y un desgaste cotidianos tan insoportables que sólo pensándonos a nosotros mismos en la búsqueda sin tregua del goce somos posibles. Trabajamos sin descanso durante la semana, para luego acabar en un raid social nocturno de música alta y estímulos varios. Pregunto, ¿No anula esta ansia permanente cualquier posibilidad de goce real? Y lo que se desprende de esto y es más paradójico aún, ¿No resulta más cansador el estar buscándonos/mostrándonos felices y estimulados todo el tiempo posible? Es curioso que lo que buscamos con más afán pueda acabar agotándonos más que el tren diario de quehaceres y obligaciones en sí. Y que este raid que se supone en un principio está organizado para el relax nos deje muchas veces con un efecto de quiebra espiritual sin rumbo más que el próximo aquelarre de sensaciones. Un amigo me contó que el año pasado tuvo que ir a su propio cumpleaños y lo comentó en las redes sociales como si fuera una carga, de idéntica manera que si hubiera escrito “me voy a trabajar” compartió un “me voy a mi cumpleaños”. Y demás está decir que no sólo está el deber de festejar el cumpleaños, además existe el deber de pasarla bien, el aguafiestas es un leproso al que nadie quiere alojar. La obligación del divertimento está ahí, latente, hay-que-di-ver-tir-se. Más, siempre más. El mandato del placer en nuestra sociedad occidental, ya sea con sexo, alcohol, drogas o música, está tan enquistado que no hay posibilidad de pensar otras formas; no pensamos otras alternativas como las que tiene Oriente, por ejemplo, que se permite hacerle un lugar trascendente a la reflexión y al retiro. Para nosotros la reflexión ad honorem por sí misma no es deseada, por ende mucho menos buscada; la reflexión sólo surge cuando aparece un problema de alguna índole. El análisis emerge cuando una falla nos deja trágicamente con el picaporte de la puerta en la mano y con ganas de salir. Mientras tanto impera el: “VAMOS. MÁS ALTO. MÁS FUERTE. DE NUEVO”. ¿No nos convierte esto en adictos que siempre quieren más? Porque cuando nuestras drogas sensoriales nos dejan sin el efecto y volvemos a ser civiles sin estímulos, sólo nos queda la resaca del día a día. ¿Para quién estamos orquestando esta fiesta ad eternum? ¿Para nosotros? ¿Para los demás? 
La navidad se acerca y ya encendimos las luces. Ahora nos queda averiguar qué tenemos exactamente que festejar.